
Eran las cinco de la mañana, sí como diría Juan Luís Guerra, y nos despertábamos para ir al concierto, luego de la impresionante suma de dos horas de sueño. Tomamos el metro, cosa nada sencilla, y nos dirigimos a la quinta avenida con la 54. Por supuesto nos equivocamos y caminamos hacia arriba cuando debíamos ir hacia abajo, pero todavía no eran las siete así que no había problemas.
Mientras nos acercábamos empecé a escuchar ruidos, baterías… entonces nació ese impulso natural por correr, correr a donde sea. Llegamos a la típica pista de patinaje con las banderitas y todo, pero nada. No había nadie. Caminamos un poco más abajo y ahí estaban!!! Repleto de gente con pancartas y pulmones preparados para dar la vida gritando, Coldplay tocaba In my Place.Terminaron y pasó un largo rato hasta que continuaron tocando Viva la Vida. Los señores oficiales de policía nos correteaban de todas las esquinas porque, al más puro estilo chilensis, no teníamos cabida entre las rejas e intentábamos colarnos, caminamos por lugares indebidos, encaramándonos y mirando entre la gente como si no supiéramos que nos colábamos y que había un séquito de pacos que nos querían echar…
Más tarde comprendería que el show no había empezado… esos temas en vivo no correspondían más que a un vil ensayo. Ah, sí, me falta la aclaración… comprenderán que aquí se habla te tema, disco y banda, ok?


Fue tanta la euforia que no recuerdo bien el orden de los temas que tocaron. Sólo sé que escuché In My Place como ocho veces.
Ya eran como las ocho y media y la gente tenía que trabajar, supongo. Entonces la cosa se estaba vaciando un poco. Nunca resignada a verlos de lejos, le dije a la Nacha y a la Panki: “Miren, la gente está saliendo por ahí, metámonos y nos sentamos en la reja, de todas maneras vamos a ver mejor”. Entonces cruzamos la calle y nos introdujimos por un espacio ínfimo. Nos sentamos y llamé a Gonzalo para contarle que los veía súper bien, que se escuchaba más o menos por ser al aire libre, pero que estaba muy entretenido. En eso la Panki se ha puesto a gritar como una loca.
Y bueno. Tocaron poquito rato y ya era la hora de irse.
Salieron del escenario y la gente, como buenos ciudadanos estadounidenses educados, comenzaron a retirarse lentamente. Nosotras, por supuesto, nos quedamos a ver “si pasaba algo”. Entonces me puse cerca de los gallos que estaban guardando los instrumentos de la banda y, con mi hermosa cara de “soy tan buena”, le pedí que me regalara la uñeta que estaba en la guitarra. Y es que claro, cómo me iba a retirar sin ningún souvenire. Jamás. Y bueno, por supuesto lo conseguí.
Para ver parte de la entrevista a Coldplay sólo tienes que entrar acá.


Escucho el primer acorde…ya lo sé. Es 







Hacemos ingreso.

Y bueno, hacen bien su pega. Eso sí, muchas de las pistas de teclado estaban grabadas. Y para los con buen ojo la razón de ese sonido lleno y redondo está tras los paneles laterales tapizados de flores: atrás se esconden músicos con guitarras y teclados. Qué pena. Nadie los vio.

Phil Collins














